Los objetos de María aún están conmigo y no sé muy bien que hacer con ellos. En mi escritorio siguen el frasco en el que la guardaba y una pipa muy bonita que me regaló Malena. Me miran, me llaman, me tientan. Pero no pienso deshacerme de ellos.
En cambio con la pipa no sé muy bien qué hacer. Es un regalo, es bonita y sé que eventualmente volveré a darle uso (cuando pueda controlar mi relación con María). Y aunque su presencia es tentadora me rehuso a guardarla, no quiero enviarla al cajón de los recuerdos. Prefiero tenerla ahí, pidiéndome que la use, como para convencerme de que soy fuerte y puedo mantenerme alejado de María aunque sus recuerdos convivan conmigo.
Es similar a lo que pasó la última vez que terminé una relación larga: escuché una y otra vez todas las canciones que me recordaban a ella, las lloré y las sufrí y finalmente las superé. Dejaron de doler tanto.

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